¿Excluir la carne del plato reduce las posibilidades de llegar a centenario? Una investigación realizada en China indica que las personas mayores de 80 años que no consumen carne tienen una probabilidad menor de alcanzar esa edad venerable. Sin embargo, esta observación esconde detalles importantes.
Una asociación que depende del peso
Realizada a partir de la Encuesta Longitudinal China sobre Salud y Longevidad, este análisis examinó las prácticas alimentarias de más de 5000 adultos octogenarios y mayores. Los datos obtenidos muestran que las personas que evitan la carne tienen estadísticamente menos probabilidades de vivir hasta los 100 años. No obstante, este vínculo estadístico desaparece por completo para los participantes con un peso normal. Es esencial recordar que se trata de un estudio observacional, que pone de relieve correlaciones sin poder establecer una relación causa-efecto.
Imagen de ilustración Pixabay
Al envejecer, las necesidades nutricionales se modifican profundamente. El metabolismo se ralentiza, la masa muscular disminuye y el apetito puede decaer. En consecuencia, prevenir la desnutrición y mantener un peso estable se convierten en objetivos prioritarios, muy distintos de las estrategias de prevención de enfermedades crónicas a largo plazo. Los trabajos anteriores que elogiaban las virtudes de las dietas basadas en vegetales se realizaron generalmente en poblaciones jóvenes, cuyas necesidades no son comparables.
El peso corporal aparece como un factor determinante en estos resultados. La reducción de la longevidad solo se constata entre los individuos con insuficiencia ponderal. Para aquellos que tienen un peso normal, la presencia o ausencia de carne en la alimentación no tiene un efecto notable en la esperanza de vida. Esta observación coincide con lo que algunos especialistas denominan la "paradoja de la obesidad" observada en las personas mayores, donde un índice de masa corporal un poco más elevado puede estar relacionado con una mayor esperanza de vida.
La calidad global prima
Las dietas alimentarias que integran productos de origen animal como el pescado, los huevos o los lácteos aportan nutrientes indispensables, como las proteínas completas y la vitamina B12. Estos aportes contribuyen al mantenimiento de la salud muscular y ósea, lo que explica por qué sus adeptos presentan una longevidad similar a la de los consumidores de carne. Incluir estos alimentos permite así contrarrestar los posibles riesgos asociados a una exclusión total de los productos cárnicos.
Adaptar la alimentación con la edad es fundamental. Las personas mayores deben asegurar un aporte suficiente de proteínas, calcio y vitaminas, lo que a veces puede requerir suplementación en el marco de dietas vegetales. El valor nutricional global de la alimentación y el mantenimiento de un peso saludable ganan prioridad sobre la cuestión única del consumo de carne. Por consiguiente, las recomendaciones nutricionales deben evolucionar con el tiempo.
Adaptar una dieta basada en plantas al envejecer
Para los adultos mayores que siguen una dieta vegetal, se requiere una vigilancia reforzada para prevenir carencias. Las necesidades de proteínas, vitamina B12, calcio y vitamina D aumentan con la edad, haciendo que la composición de las comidas sea muy importante. Se recomienda incluir fuentes diversas como legumbres, frutos secos, semillas y productos enriquecidos. Los derivados de la soja o los cereales fortificados pueden, por ejemplo, compensar ciertos nutrientes.
En algunas situaciones, pueden aconsejarse suplementos alimenticios para paliar los déficits, en particular de la vitamina B12, indispensable para el sistema nervioso y sanguíneo. La colaboración con un profesional sanitario permite ajustar la dieta de manera personalizada. La variedad de los platos y la inclusión de tentempiés nutritivos contribuyen a mantener un aporte energético satisfactorio a pesar de un apetito a veces disminuido, favoreciendo así la salud y la longevidad.
Fuente: The American Journal of Clinical Nutrition