¿Se pueden consumir los alimentos cultivados en zonas afectadas por una catástrofe ambiental?
Un equipo científico se ha centrado en esta interrogante apremiante para los habitantes de la región brasileña del estuario del río Doce, donde hace diez años colapsó una presa de desechos mineros. Su trabajo se centró en cultivos locales como el plátano, la yuca y el cacao, para evaluar la manera en que las plantas absorben los elementos tóxicos procedentes de los suelos contaminados.
Este equipo analizó, por tanto, estas producciones agrícolas para determinar si podían representar un peligro. Sus investigaciones se centran en la transferencia de los elementos potencialmente tóxicos, presentes en los suelos contaminados por los vertidos mineros, hacia las partes comestibles de los vegetales. Esta fase es necesaria para comprender los peligros concretos para las poblaciones que integran estos alimentos en su dieta habitual.
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Los suelos de la región muestran niveles elevados de cadmio, cromo, cobre, níquel y plomo. Estos metales están fuertemente asociados a los óxidos de hierro, que componen la mayoría de los residuos mineros vertidos. Según los análisis, el consumo de plátanos procedentes de estos terrenos podría plantear un problema sanitario, especialmente para los niños pequeños menores de seis años. Para los adultos, la amenaza parece más limitada, pero sigue siendo necesaria una atención especial.
Cabe señalar que las plantas no acumulan los contaminantes de forma idéntica. En los plátanos y la yuca, la mayoría de los metales se concentran sobre todo en las partes subterráneas, como las raíces y los tubérculos. Por el contrario, el cacao presenta acumulaciones notables en sus partes aéreas: tallos, hojas e incluso los frutos. La pulpa de cacao examinada superaba así los umbrales recomendados para el cobre y el plomo.
Los científicos han establecido índices de riesgo teniendo en cuenta la cantidad de alimentos ingeridos, la duración de la exposición y la masa corporal. Para los niños, el índice relacionado con el plátano supera el nivel de seguridad, principalmente debido al contenido de plomo. Se sabe que la exposición repetida a este elemento, incluso a baja concentración, tiene impactos negativos en el desarrollo del sistema nervioso.
A largo plazo, la ingesta regular de estos alimentos podría contribuir a un peligro progresivo para la salud. Los investigadores mencionan la posibilidad de alteraciones del ADN que podrían aumentar la frecuencia de ciertos cánceres. Estas consecuencias dependen de la capacidad de cada organismo para absorber y transformar los elementos presentes en su entorno.
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Environmental Geochemistry and Health, este estudio se enmarca en un trabajo doctoral que ha dado lugar a varias publicaciones. Busca proporcionar datos prácticos para orientar las decisiones relativas a la seguridad alimentaria y la gestión de las tierras afectadas por este tipo de contaminación.
Fuente: Environmental Geochemistry and Health