El asteroide Torifune, fotografiado recientemente por la sonda Hayabusa2, presenta una sorprendente forma de cacahuete típica de los asteroides binarios de contacto. Esta estructura indica que dos cuerpos celestes se fusionaron con el tiempo, ofreciendo a los científicos un laboratorio natural para estudiar la formación de planetas. Este sobrevuelo cercano, realizado el 5 de julio de 2026, constituye un nuevo hito en la exploración espacial japonesa.
Asteroide Torifune visto por la cámara de navegación óptica de Hayabusa2 el 5 de julio de 2026.
Crédito: JAXA
La Agencia Espacial Japonesa (JAXA) organizó este sobrevuelo a alta velocidad, a unos 100 millones de kilómetros de la Tierra. La sonda utilizó su cámara óptica para capturar imágenes detalladas de Torifune, una roca de 450 metros que orbita alrededor del Sol en 383 días. Esta maniobra arriesgada, ya que se disponía de poca información sobre el asteroide, fue calificada como una operación delicada por el equipo científico.
Los datos recopilados no se limitan a las imágenes. El instrumento infrarrojo TIR midió las temperaturas de la superficie, revelando zonas cálidas expuestas al Sol y regiones más frías en la sombra. Esta información ayuda a comprender la composición y estructura del asteroide, especialmente su porosidad y conductividad térmica. Torifune pertenece al grupo Apolo, una familia de asteroides geocercanos.
Vista infrarroja de Torifune que muestra las variaciones de temperatura.
Crédito: JAXA
Este encuentro no estaba previsto en la misión inicial de Hayabusa2. Lanzada en 2014, la sonda se dirigió primero al asteroide Ryugu, del que tomó muestras en 2020. El análisis de estos materiales permitió detectar las cinco bases nucleicas del ADN y el ARN, dando pistas sobre la aparición de la vida en la Tierra. Tras este éxito, Hayabusa2 continuó su viaje hacia nuevos objetivos.
El próximo objetivo es el asteroide 1998 KY26, un pequeño cuerpo de solo 11 metros de diámetro, comparable al que explotó sobre Cheliábinsk en 2013. Se espera que la sonda lo alcance en 2031, para intentar un sobrevuelo y luego un contacto. Esta misión adicional tiene como objetivo estudiar las propiedades de los asteroides más pequeños, cuya estructura aún no se conoce bien.
Comparación de tamaño entre Ryugu y el próximo objetivo 1998 KY26.
Crédito: ESO/M. Kornmesser
Las imágenes de Torifune se suman a una excelente serie de éxitos para Hayabusa2, que acumula casi doce años de misión. La perseverancia de los ingenieros japoneses y la robustez de la sonda permiten acumular datos valiosos sobre la diversidad de los asteroides. Cada nueva observación perfecciona nuestra comprensión de la evolución del sistema solar.
Fuente: JAXA (Agencia Espacial Japonesa)