Adrien - Martes 10 Marzo 2026

🌟 Antes incluso de la formación de la estrella y sus planetas, la futura vida ya está tomando su lugar

Astrónomos, entre los que se encuentran Yuxin Lin y sus colaboradores, han identificado metanimina en la nube L1544, situada a 554 años luz. Esta molécula, constituida por carbono, hidrógeno y nitrógeno, representa un paso hacia compuestos más elaborados como los aminoácidos. Su presencia en esta nube, que aún no es una estrella, revela que reacciones químicas activas ya están preparando el terreno para la futura química orgánica.

Perteneciente a la vasta nube molecular de Tauro, una región propicia para los nacimientos estelares, L1544 presenta un carácter tranquilo. La materia cae lentamente hacia su centro denso, una tranquilidad que permite que moléculas como la metanimina se formen en las capas externas más templadas antes de difundirse a través de la nube, y esto, incluso antes de su colapso en estrella.


Una vista infrarroja de la nube molecular de Tauro, donde la nube L1544 es visible clara en la parte inferior izquierda. Esta última es un núcleo pre-estelar, en espera de formación estelar.
Crédito: ESA/Herschel/SPIRE


La génesis de la metanimina tiene lugar principalmente en las zonas menos densas de la nube, donde las temperaturas son un poco más elevadas. A medida que la materia fluye hacia el centro, esta molécula acompaña el movimiento, depositándose en diversas regiones. Podría así subsistir hasta el nacimiento de la estrella y encontrarse integrada en el disco de materiales.

Cuando los planetas comiencen a ensamblarse a partir de este disco, podrían heredar moléculas prebióticas como la metanimina. En consecuencia, algunos futuros planetas podrían disponer desde su origen de los bloques de construcción necesarios para la aparición de la vida, si las condiciones se prestan.

Los investigadores han publicado sus resultados en The Astrophysical Journal Letters, demostrando que esta química se realiza incluso durante las fases frías y tranquilas. Estos trabajos presentan una manera en la que los sistemas planetarios adquieren sus compuestos orgánicos iniciales, mucho antes de que pueda emerger la vida.

Al precisar estos mecanismos, los científicos ambicionan comprender mejor los orígenes potenciales de la vida en la galaxia. Futuras observaciones podrían descubrir otras moléculas similares en otras nubes.


Una vista amplia de la nube molecular de Tauro, donde se encuentra L1544. Su relativa proximidad la convierte en un lugar ideal para estudiar la formación de estrellas.
Crédito: Digitized Sky Survey 2. Agradecimiento: Davide De Martin


Los núcleos pre-estelares


Los núcleos pre-estelares son cúmulos densos de gas y polvo en el espacio, que se encuentran en una etapa intermedia antes de colapsar para formar estrellas. Contienen toda la materia necesaria para la creación de un sistema estelar, pero permanecen relativamente estables hasta que la gravedad se vuelve demasiado fuerte. Este proceso puede tomar miles o millones de años, durante los cuales la temperatura y la densidad aumentan progresivamente.


Cuando la gravedad prevalece, el núcleo colapsa sobre sí mismo, desencadenando la formación de una protoestrella. Esta fase está marcada por un calentamiento y un aumento de la actividad, contrastando con la calma inicial. Los núcleos como L1544 son, por lo tanto, laboratorios naturales para estudiar las primeras etapas del nacimiento de las estrellas y los planetas.

La estructura de estos núcleos presenta un centro denso y frío, rodeado de capas externas más cálidas. Esta configuración permite que se produzcan reacciones químicas a diferentes temperaturas, influyendo en la composición de los futuros sistemas. Al observar estas regiones, los astrónomos pueden rastrear cómo se combinan los elementos incluso antes del encendido estelar.

Fuente: The Astrophysical Journal Letters
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