¿Y si nuestro cuerpo pudiera quemar más calorías simplemente ajustando el funcionamiento interno de nuestras células?
Un equipo de científicos explora hoy una pista asombrosa centrada en las mitocondrias, esas pequeñas fábricas energéticas celulares. Este nuevo enfoque podría abrir una vía original para combatir la obesidad, un desafío de salud mundial mayor que aumenta los riesgos de diabetes o cáncer.
Dentro de nuestras células, las mitocondrias transforman habitualmente los nutrientes en energía utilizable, notablemente en forma de ATP. Ciertas sustancias, llamadas desacopladores mitocondriales, alteran este proceso al dejar escapar parte de la energía en forma de calor. En consecuencia, las células deben entonces recurrir más a sus recursos, como las reservas grasas, lo que aumenta el gasto calórico global. Los investigadores comparan este fenómeno a una represa hidroeléctrica con una fuga.
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Para comprender bien el potencial de estas moléculas, es necesario un retroceso. La historia de los desacopladores mitocondriales comienza hace casi un siglo con compuestos particularmente peligrosos. Durante la Primera Guerra Mundial, obreros expuestos a una sustancia llamada DNP perdían efectivamente peso, pero sufrían fuertes fiebres, algunos casos siendo mortales. Brevemente comercializado en los años 1930 como producto adelgazante, el DNP fue finalmente prohibido, la frontera entre dosis eficaz y dosis letal siendo demasiado estrecha.
En este marco, un estudio reciente publicado en
Chemical Science se ha dedicado a concebir versiones más moderadas de estos desacopladores. Modificando la estructura química de moléculas experimentales, los investigadores lograron ajustar la intensidad con la que activan el consumo de energía celular. Varios compuestos probados estimularon entonces la actividad mitocondrial sin por ello dañar las células o obstaculizar la producción de ATP, mientras que otros resultaron demasiado potentes.
Más allá de la gestión del peso, estos desacopladores mitocondriales ajustados podrían presentar otras ventajas para la salud. Atenúan en particular el estrés oxidativo dentro de las células, un efecto susceptible de fomentar un metabolismo más equilibrado y de participar en la protección contra el envejecimiento o ciertas patologías neurodegenerativas. Aunque estos trabajos solo están en sus fases iniciales, trazan el camino hacia posibles tratamientos futuros.
Realizada por una colaboración internacional, esta investigación proporciona así un punto de partida para elaborar una nueva generación de medicamentos. El objetivo es reproducir los efectos beneficiosos de los desacopladores mitocondriales al mismo tiempo que se evitan los peligros relacionados con las antiguas moléculas. El camino sigue siendo largo, pero esta pista científica lleva la esperanza de mejorar, de manera más segura, la salud metabólica de muchas personas.
Fuente: Chemical Science