En 2026, miles de satélites Starlink iniciarán un descenso controlado hacia una órbita más baja. Esta migración espacial de gran envergadura tiene como objetivo ajustar la constelación a la evolución del entorno orbital terrestre.
Cerca de 4.400 satélites Starlink, que actualmente orbitan a unos 550 kilómetros de altitud, descenderán progresivamente a 480 kilómetros durante el año 2026. Esta maniobra afecta a una parte importante de la flota operativa de SpaceX, que actualmente cuenta con casi 9.400 naves espaciales. El anuncio fue hecho por un responsable de la empresa a través de la red social X.
Una pila de satélites Starlink antes de su despliegue en órbita terrestre.
Crédito: SpaceX
Esta decisión está relacionada con la aproximación de un período de mínimo solar, previsto alrededor de 2030. El Sol sigue un ciclo de actividad de aproximadamente 11 años, y acabamos de pasar el máximo del ciclo actual. Cuando la actividad solar es débil, la atmósfera terrestre se contrae, lo que reduce el arrastre atmosférico sobre los satélites. Al descender a una altitud más baja, las naves espaciales recuperan un potencial de desorbitación más rápido en caso de fallo.
La reducción del tiempo de desorbitación pasa de más de cuatro años a unos meses, mejorando así la seguridad del espacio circumterrestre. Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, explicó en X que esta medida disminuye los riesgos de colisión con otros objetos. La zona por debajo de 500 kilómetros presenta menos desechos y satélites planificados, limitando los peligros potenciales.
La órbita baja terrestre se está volviendo cada vez más congestionada, con Starlink representando aproximadamente dos tercios de los satélites operativos. Otros proyectos, como las constelaciones de internet chinas, planean lanzar miles de naves adicionales. Esta densificación hace esenciale una gestión proactiva de las trayectorias para evitar accidentes.
La flota Starlink es reconocida por su fiabilidad, con solo dos satélites actualmente fuera de servicio en órbita. No obstante, SpaceX quiere garantizar una desorbitación rápida en caso de fallo, especialmente ante maniobras no coordinadas de otros operadores. Estas acciones contribuyen a mantener un entorno espacial seguro para todas las actividades.
A largo plazo, esta adaptación podría servir como modelo para otras constelaciones, mientras la explotación de la órbita baja se intensifica. Las lecciones extraídas de esta migración quizás ayuden a diseñar estrategias sostenibles para el futuro del espacio.
El ciclo solar y sus efectos sobre la atmósfera terrestre
El Sol experimenta variaciones regulares en su actividad, con un ciclo que dura aproximadamente 11 años. Durante las fases de máximo, emite más radiación y partículas, lo que calienta y densifica las capas superiores de la atmósfera terrestre. Por el contrario, durante los mínimos, la atmósfera se enfría y adelgaza, modificando las condiciones en órbita.
Estos cambios atmosféricos tienen un impacto directo en los satélites en órbita baja. Una atmósfera más densa aumenta el arrastre, ralentizando las naves espaciales y acelerando su descenso hacia la Tierra. Por el contrario, una atmósfera enrarecida prolonga su vida orbital, requiriendo a veces ajustes para asegurar una desorbitación controlada.
Los operadores de satélites monitorizan de cerca estos ciclos para optimizar las misiones. Al anticipar los períodos de baja actividad solar, pueden planificar maniobras como la de Starlink, destinadas a mantener órbitas estables y seguras. Esta comprensión científica ayuda a prevenir los riesgos relacionados con los desechos espaciales.
Más allá de los satélites, el ciclo solar también influye en las comunicaciones y la meteorología espacial. Los estudios realizados por instituciones como
NASA o
ESA permiten predecir mejor estos fenómenos, esenciales para las tecnologías modernas dependientes del espacio.
Fuente: Michael Nicolls / SpaceX en
X